Orígenes e historia de la nutrición deportiva

 

Los atletas siempre han sido informados sobre qué comer, pero el campo académico ahora conocido como nutrición deportiva comenzó en los laboratorios de fisiología del ejercicio. Los historiadores consideran que los primeros estudios sobre la nutrición deportiva son los del metabolismo de los hidratos de carbono y las grasas llevados a cabo en Suecia a finales de los años treinta. A finales de la década de los 60, los científicos escandinavos comenzaron a estudiar el almacenamiento, el uso y la resíntesis del glucógeno muscular asociado con el ejercicio prolongado. También se desarrolló tecnología para ayudar a los científicos a medir las respuestas al ejercicio de los tejidos humanos. En 1965 en la Universidad de Florida, un equipo de investigadores dirigido por el Dr. Robert Cade desarrolló una bebida formulada científicamente para el equipo de fútbol de la universidad, la primera bebida deportiva: Gatorade.

 

En los años setenta, los fisiólogos de todo el mundo, pero particularmente en los Estados Unidos, comenzaron a desarrollar laboratorios de fisiología en las universidades y a estudiar a los atletas. Los corredores de distancia y los ciclistas fueron estudiados con mayor frecuencia debido a que estos atletas estaban en riesgo de agotar sus reservas de glucógeno y además porque estos deportes se podían simular fácilmente en el laboratorio con el uso de cintas de correr y bicicletas estacionarias. También se desarrollaron instalaciones de investigación en centros militares y de entrenamiento de astronautas para estudiar cómo mejorar su condición física. Gran parte de la investigación publicada inicialmente se centró en el uso de hidratos de carbono.

 

Se realizaron investigaciones sobre la proteína, pero estudiar la proteína era mucho más difícil ya que se encuentra en diversos lugares en el cuerpo. Los fisicoculturistas estaban particularmente interesados ​​en saber más acerca de cómo obtener la máxima cantidad de proteína y la mayor tasa de síntesis de proteínas en los músculos esqueléticos, pero había poca investigación para responder a sus preguntas. Algunos científicos cuestionaron si el culturismo era un deporte; muchos lo consideraron más como un espectáculo secundario en comparación con otras competiciones atléticas. Por estas y otras razones, los fisicoculturistas comenzaron a aprender sobre la nutrición a través de la experimentación personal y la prueba y error.

 

Aunque hay más investigación sobre las proteínas hoy en día, muchas de las preguntas fundamentales sobre la cantidad y el momento de la ingestión de proteínas siguen habiendo muchas preguntas sin responder debido a la dificultad de estudiar estos temas. La cantidad óptima de ingestión de proteínas para los atletas continúa siendo un tema controvertido.

 

Ya con la investigación, se dio paso a la aplicación de los nuevos conocimientos. Esto dio lugar a una mayor colaboración entre los fisiólogos del ejercicio y los nutriólogos, especialmente a partir de la década de 1980. Por ejemplo, los fisiólogos del ejercicio estaban descubriendo que los atletas de resistencia, como corredores de maratón y ciclistas de larga distancia, se beneficiaban de consumir aproximadamente 8 g/kg de peso corporal/día de hidratos de carbono. Pero, ¿qué alimentos y bebidas los necesitaban ingerir los atletas para obtener esa cantidad de hidratos de carbono? ¿Una dieta tan alta en hidratos de carbono podría satisfacer las otras necesidades nutricionales del cuerpo para mantener una buena salud? La experiencia de los nutriólogos era necesaria para traducir la información científica en aplicaciones prácticas.

 

La década de 1980 marcó la aparición del campo conocido como nutrición deportiva. Considerando su importancia para un adecuado rendimiento deportivo, la nutrición deportiva como disciplina especializada, se desarrolló relativamente tarde.

 

Inicialmente, gran parte del enfoque estaba en los atletas de resistencia, sin embargo, en la década de 1990 el entrenamiento de fuerza se convirtió en una parte esencial de casi todos los programas de entrenamiento y acondicionamiento, incluyendo para atletas de resistencia. Muchos atletas de fuerza comenzaron a incorporar más ejercicio aeróbico y a considerar más cuidadosamente ingestión de hidratos de carbono. Por el otro lado, los atletas de resistencia comenzaron a ser más reflexivos sobre su ingestión proteína. Los atletas también comenzaron a entrenar con mayor intensidad y durante períodos más prolongados que en el pasado. Hoy en día, la nutrición es ampliamente reconocida como una forma de apoyar el entrenamiento y acelerar la recuperación.

 

Traducido y adaptado de: Dunford M. Fundamentals of Sport and Exercise Nutrition. 2010

Reducción de la conducta sedentaria para mejorar la salud

Nueva evidencia sugiere que las reducciones en las conductas sedentarias pueden favorecer el estado de salud de la población. Estos hallazgos apuntan a nuevos objetivos de intervención sobre la conducta y a nuevas maneras de pensar respecto al incremento de la actividad física de la población en general.

En este reporte realizado por Keadle y colaboradores se aporta evidencia de que, al reemplazar los tiempos sedentarios con actividad de pie, ligera o de intensidad moderada, puede tener importantes beneficios para la salud, particularmente entre los adultos menos activos. Los estudios clínicos proporcionan evidencia de los mecanismos fisiológicos subyacentes a estas asociaciones, así como ideas sobre e impacto cardiometabólico de romper y reducir el tiempo de conducta sedentaria. Como resultado, se están probando nuevas estrategias de intervención que se centran en actividades de intensidad más baja (por ejemplo, intercambiar el estar sentado por estar de pie) en lugares como el trabajo, la escuela y el hogar. ¿Qué soluciones se te ocurren para reducir el tiempo de conducta sedentaria en la población en general?

 

FUENTE: Keadle SK, et al, Targeting reductions in sitting time to increase physical activity and improve health, Med Sci Sports Exerc, 2017 Mar 8.

Consulta el resumen de este artículo en: https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pubmed/28272267